Координати 500

Uploaded 9 квітня 2013

Recorded квітня 2013

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18,37 km

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біля Casas Carrasco, Andalucía (España)

06.04.13
Ruta de investigación por el barranco del arroyo Montero. Desde Montalvo a la Agracea no es recomendable para personas poco experimentadas al estar los caminos muy perdidos y el arroyo muy crecido siendo complicado vadearlo. Desde la Agracea, cómoda senda perteneciente al antíguo camino de arroyo Montero que nos devuelve en una exigente subida al punto de inicio.
este arroyo que nace casi en las cumbres de Pontones, juega con un barranco olivarero de un aceite de gran calidad. En su porción media encontramos una almazara con todos sus elementos aun en buen estado, el molino de los Carmonas. Cruzamos el arroyo a la altura de la Agracea para visitar otro resto del expolio y diaspora serranas y subirnos al punto de inicio cómodamente por una buena senda, la de arroyo Montero (dura subida), pasando por collado romana y la casa forestal del Haza donde contemplamos la omnipresente Peñamujo. Bonita panorámica al llegar de la aldea de las casas de Carrasco con el Almorchón nevado al fondo.
LA RUTA:
El planteamiento era entrar a arroyo Montero a la altura de las Zahurdillas y acompañarlo durante un tramo, partiendo de las Casas de Carrasco y cruzando la conservada aldea de Montalvo. Después el “Señol” diría, pues franquear hoy el Montero se vaticinaba análogo al legendario Rubicón… por tanto, al grito (virtual) de “alea iacta est” ((la suerte está echada) arrancamos de la pontonera aldea de Carrasco.
Nada más bajar del vehículo, me llamó la atención un tierno Bambi encerrado en una nave a las afueras del caserío, que por cierto está bien equipado, cuenta con Iglesia y cementerio. Tras departir brevemente con el animaluco, al girarme, me embelesa la segunda imagen grata del día, la mole de las Banderillas, y todo esto sin haber dado un paso.
Nos ponemos en marcha por un terreno pedregoso, propio de estas cumbres desérticas, caminamos sobre una loma con el barranco de arroyo Frío a la izquierda y el del Montero cuyas fuentes están por debajo de la aldea que hemos dejado atrás, por la derecha. Pronto la senda de arroyo montero se bifurca, nosotros tomamos a la derecha y asomamos a un buen mirador que domina el barranco donde se asientan La Ballestera, Montalvo, Goldines, La Parrilla,…, aldeas que han resistido el empuje de la desidia y el abandono salvo los Goldines a la que arrasaron sin piedad.
Iniciamos un vertiginoso descenso en dirección a Montalvo, primer escalón para entrar en un suntuoso palco que la naturaleza pone a nuestra disposición. Le entramos a Montalvo por arriba y lo primero que descubrimos es la simbología de estos nuevos pobladores que no nacieron aquí pero que dan vida a lo que estaba inexorablemente condenado. Más abajo, junto a la era nos topamos con la fuente de Montalvo, con sus tornajos y alberca, desde aquí cruzamos el caserío. Al otro extremo nos queda una formidable panorámica del barranco que pretendemos con sus abruptas laderas cubiertas del olivar serrano que le ganaron al monte.
Nos vamos para los huertos de Montalvo, los cruzamos por donde una fuente alimenta el ya sobrado y caudaloso Montero, rodeamos una loma y ¡voilà!, el collado de Martín Caro nos ofrece una de esas balconadas irresistibles de la sierra para sentarse a mirar, el valle de Bujaraiza cubierto por las aguas del Grande y las lomas de Poyo Segura que ascienden descarnadas hacia la cresta lindera de esta sierra de Segura con las Villas, emocionante espectáculo. Por aquí volveremos más tarde, aunque me temo que no tan contemplativos…
Tomamos una tenue senda que arranca por la derecha y que nos va rodeando el cerro Montalvo, algo perdida aunque aún se reconoce. Atravesamos uno de esos cortijos que acompañaron en su día el camino y más tarde una fuente que vuelve a alimentar nuestro cauce. Por la zona abandonamos la senda que llevamos y giramos a la derecha, en picado hacia el arroyo, por unos peñones que usaron de abrigos y corrales para el ganado. Conforme nos acercamos al cauce los vestigios humanos son más frecuentes hasta que encontramos un cenajo bastante bien conservado, ya estamos en las Zahurdillas, la casa de arriba, la cortijada está al otro lado del “Rubicón”. Preciosas y apacibles huelgas, aún con frutales, choperas, robles,… nos acercamos al arroyo, donde está el paso de siempre, el vado que la senda necesita para irse a la otra “acera”. Imposible, orilla arriba, orilla abajo, ¡esto hay que cruzarlo con lancha! Ni descalzos tenemos posibilidades. Cuando empieza a rondar en nuestra cabeza la cuesta que nos queda para organizar la derrota que los elementos nos han preparado vemos a Sebas al otro lado ¿…? Su intuición y habilidad ha conseguido engañar al torrente aprovechando una pequeña debilidad.
Ya en el otro lado, recorremos lo que queda de las casas encontramos la senda que acompaña el arroyo por la derecha pero pronto se pierde por corrimientos de tierras, lo que nos hace embarrancarnos por la derecha para salvar la desembocadura de un arroyo y, tras pasar un olivar ya abandonado, volver a retomarla más abajo. Muy “enmatojada” pero transitable avanzamos cauce abajo, debiendo cruzar un barranquete donde desagua del arroyo de los Goldines topándonos pronto con las Huelguecillas, sus recónditos cortijos, el primero enmalezado, el segundo más despejado y, entre ambos, el coqueto chorreón que le entra por la derecha donde el arroyo del Robledillo se entrega con buen gusto.
Atravesando tramos de olivar que llegan hasta el cauce encontramos con satisfacción uno de los lugares que hoy buscábamos con ahínco, la almazara de las Carmonas. Poco le queda para sucumbir definitivamente. Aún resiste como esperando a que alguien venga, engrase su maquinaria y la ponga en marcha. La tolva, el sinfín, la prensa, los compresores, las tuberías, los trojes,… todo está como preparado para la próxima campaña, pero no vendrá nadie a moler aceituna, ya hace años que por aquí no vienen más que “pisapraos” como los que hoy rondan este enclave, otrora bullicioso, y merecedor de mejor sino, un museo en pleno paraje natural, fácilmente alcanzable desde la carretera que ahora acerca más rápidamente a Pontones, en fin, sigamos lamentándonos, lo dará la tierra…
Tras reponer energías y un buen descanso, lleno de satisfacción por llegar hasta aquí, comenzamos en el postre a dilucidar el futuro más inmediato, se nos había olvidado que hay que cruzar de nuevo el Montero y que el vado está frente a nosotros, la senda que sube al Palancar, por donde cruza la acequia para el molino. Aquí arroyo Montero está más crecido si cabe, habiendo recogido aguas de arroyos y torrenteras que le entran animadamente en cada rincón del corto trayecto que le llevamos recorrido.
Decidimos continuar por la margen que traíamos con la intención de buscar otro punto débil y en esas nos vemos. Avanzamos acompañando su curso chillón, rodeados de olivares que nos dan esperanza de algún escape en caso de necesidad. A la altura de la Agracea se hace imperioso saltarlo ¡aunque sea con pértiga!!!!!. De nuevo Sebas, convertido hoy en infalible batidor, encuentra la manera de burlar en dos tiempos este inexpugnable canal. Eso si, un saltillo arriesgado nos cuesta.
Ya en la otra orilla ganamos rápidamente la bonita cortijada de la Agracea, otra más de la inexplicable diáspora que sufrió esta sierra hace cuarenta años. No podemos detenernos lo que quisiéramos ya que vadear el Montero ha consumido tiempo y desgastado energía y nos queda una dura subida. Nos percatamos de las buenas panorámicas que la aldea conserva, de los hornos existentes, del buen caño que hoy tiene la fuente, del olivar abatido por la dejadez.
Abandonamos la aldea comenzando un ascenso que no dejaremos hasta el final. El periplo nos lleva ahora hasta la casa forestal del Haza, asomada al barranco de arroyo Frío, coronado por el Artuñío (Artuñedo, seguramente derivado del ovejero termino Artuña), orientada al S se despierta y acuesta cada día con la incesante vigilancia de Peñamujo.
El camino, buen camino ahora, nos embarranca por debajo del collado de Martín Caro, el cual hay que ganar duramente, sosegadamente, pasito a pasito, chino chano como diría un aragonés, por una larga tongada que salva una pared casi vertical. Nos cruzamos con el trazado que llevábamos por la mañana pero como bien intuía con pocas ganas de contemplar. Solo queda ánimo para un resuello y encaramarnos al siguiente collado, el de la Romana, rozando la tapuela y alcanzando un poco más adelante la bifurcación que a primera hora nos había disociado el trayecto. Magnífico regalo finalizando la excursión, el del Almorchón, blanco, con las Casas de carrasco a los pies, una estampa de Belén serrano que cierra esta hermosa y emocionante averiguación para compartirla en el futuro con el club al completo.

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стоянка

CASAS DE CARRASCO

06-ABR-13 9:15:52
джерело

FUENTE

06-ABR-13 11:16:42
Гірський перевал

COLLADO MARTIN CARO

06-ABR-13 11:28:37
руїни

LA AGRACEA

06-ABR-13 15:42:18
руїни

CF DEL HAZA

06-ABR-13 16:28:47
джерело

FUENTE

06-ABR-13 11:52:22
Перехрестя

PISTA

06-ABR-13 15:36:04
Гірський перевал

COLLADO ROMANA

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