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біля Santiago del Campo, Extremadura (España)

DESCRIPCIÓN GENERAL DE LA RUTA.

Acercarnos a los riberos del Almonte, hijo del aurífero Tajo, supone descubrir posiblemente el lugar que mayor valor natural posea en su conjunto de toda la comarca, especialmente por su inmensa diversidad faunística y paisajes hoy poco alterados. Este corredor natural de más de cien kilómetros, que nace en las Villuercas y sucumbe en el embalse de Alcántara, ha sido declarado recientemente ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) y es un Espacio Natural Protegido más de Extremadura. Además, la ruta nos permitirá contemplar riberas de fuerte pendiente que presentan un buen estado de conservación, un castro o poblado fortificado y las ruinas del molino del Cubo. A ello hay que unir masas centenarias de acebuches entremezclados con monte de encina, y poder andar por el añejo camino que unía en otra época Santiago del Campo con sus vecinos casareños. En unos ocho kilómetros de camino advertiremos la continuidad, y al propio tiempo dicotomía, entre los llanos de los Cuatro Lugares y los riberos fluviales del Tajo y Almonte.

1ª ETAPA: SANTIAGO DEL CAMPO-ENCINA ROTA.
Distancia: 2,821 Km.
Tiempo a pie: 55 min.

La mañana se ha levantado diáfana, a pocas jornadas para que entre la primavera el campo empieza a lucir todas sus galas, a pesar de que este año el invierno ha sido huraño en agua. Desde la Iglesia de Santiago, saliendo por el camino del Casar, con el sol por encima de viejos muros de pizarra, el pueblo, su iglesia y la blanca Torre del Reloj dejan paso al campo, a las tristes llamadas de las últimas avefrías en la Dehesa Boyal, espacio que guarda un trocito de la historia de los santiagueños. La Fuensanta, de agua no potable, con su talante trastocado nos despide de los últimos corrales y tinaos.

Nuestros pasos nunca se desvían a un lado u otro del camino, pasamos una portera canadiense que da paso a la Dehesa Boyal y proseguimos por este sendero de buen andar dirigiéndonos hacia el “río del monte”, que a esta hora parece flotar sobre una tenue neblina. El terreno yermo deja paso al arbolado, al sempiterno encinar, que a modo de cinturón verde protege y esconde el cauce del río ahondado en la tierra con el paso de miles de años. A la altura de una gran nave ganadera tomamos un desvío a la derecha y continuamos por un camino marcado, el cual pasa junto a la Charca de Najalero y nos lleva entre encinas y acebuches a un lugar donde muere y que reconoceremos al ver una encina con uno de sus cimales quebrado.

2ª ETAPA: ENCINA ROTA-CASTRO DEL CASTILLEJO.
Distancia: 0,698 Km.
Tiempo a pie: 24 min.

En la encina comienza a ponerse en prueba nuestro sentido de la orientación, aunque una brújula siempre es útil; ésta nos indica que el yacimiento del Castillejo se halla en dirección SO, con un rumbo de 220º. En todo caso, agucemos la vista y en el horizonte, al otro lado del río, divisaremos un chozo de horma blanco, hacia el cual dirigiremos los pasos. Entre acebuches abancalados, retamas negras, cantuesos y exuberantes esparragueras cargadas de frutos, iniciamos el descenso hacia un arroyo bajo el vuelo cicleante de un escuadrón de buitres leonados. El arroyo es un lugar idóneo para escuchar el canto de aves paseriformes como la curruca cabecinegra, el herrerillo o el carbonero, además de observar a otros animales que acuden a saciar su sed. Desde aquí hay que ascender por alguna senda que veamos unos doscientos metros entre acebuches centenarios y espinos albares florecidos hasta alcanzar la cima del antiguo poblamiento. Sería conveniente para la conservación del lugar proponer la declaración de los acebuchales del Castillejo como Árboles Singulares. Es este lugar una excelente atalaya para darse cuenta de cómo el Almonte se hundió en el zócalo de la penillanura cacereña y admirar las grandes obras arquitectónicas que el hombre puede levantar, el puente de la Autovía de la Plata a nuestra derecha.

Desde aquí se tiene un magnifica visión a nuestra derecha de Risco Levante, un farallón o cortado de pizarras que emerge justo en la desembocadura del arroyo del Lugar en el Almonte, formado en un meandro del primero. En esta mole de pizarra anidan varias parejas de cigüena blanca y es frecuente ver buitres leonados, alimoches y cigüenas negras.

3ª ETAPA: CASTRO DEL CASTILLEJO-MOLINO DEL CUBO.
Distancia: 0,818 Km.
Tiempo a pie: 25 min.

Satisfecha la intriga lógica por conocer el modus vivendi de los primitivos pobladores de estas tierras hay que volver por donde subimos al poblado y retroceder al cauce del arroyuelo; desde allí ascenderemos tendiendo a la izquierda hasta encontrar, como a media ladera, una vereda bien marcada que nos acerca a la margen izquierda del arroyo de Santiago o del Lugar, donde camuflado entre muy grises y desgastadas pizarras encontraremos el molino del Cubo. Resulta complicado describir el itinerario sin que la ruta esté marcada, por lo que a una distancia de 400 metros desde que comenzamos a buscar la vereda nos decidiremos a bajar al cauce, sin que veamos el molino hasta que no estemos sobre él. Antes de cruzar el arroyo hay que pasar una alambrada y acceder luego a la construcción, ubicada en la margen derecha. Pasar por un lugar u otro dependerá de cómo esté de crecido el regato. Hay que advertir que estamos en el tramo más dificultoso de la ruta, tanto por la orografía del terreno como por la orientación necesaria en estos casos.

4ª ETAPA: MOLINO DEL CUBO-VOLVEDERO DEL CAMINO DE VENTAMORO.
Distancia: 0,554 Km.
Tiempo a pie: 17 min.

Tras haber visitado la secular construcción de molienda iniciamos el ascenso por la ladera opuesta por donde bajamos; de nuevo hay que poner en marcha nuestro sentido de la orientación e ir ascendiendo entre encinas y acebuches por alguna senda que encontremos hasta una elevación que hemos denominado nosotros mismos volvedero del camino de “Ventamoro”, como así le llaman los santiagueños.

La vegetación que nos acompaña nos sigue hablando de los antiguos aprovechamientos de los campos de la zona; los acebuches injertados con olivos sostienen aún sus añosas ramas sobre lajas de pizarras cuidadosamente dispuestas a modo de bancales individuales; es curioso advertir las iniciales de sus dueños, aún visibles en los troncos de los árboles. Aunque el suelo de la Dehesa Boyal pertenece al Ayuntamiento, el arbolado lo siguen explotando los vecinos distribuyéndolos entre sí por lotes. Hoy nos parece que todo adolece de una dejadez fruto de la despoblación rural, de nuevos modos de vida y de métodos de aprovechamiento agrarios que están a años luz de los tradicionales.

Así, evocando un pasado que pudiera parecernos mejor, o, al menos, más cómplice con la madre tierra, entre leves ascensos y descensos, hondonadas de secas regateras, nos topamos en poco tiempo con la plataforma del volvedero del camino, la moderna Autovía de la Plata al frente y de nuevo el puente, desafío de las nuevas técnicas constructivas en pos de la modernidad. Dejamos atrás los riberos, el río, los buitres prospectores y nos adentramos otra vez en la Dehesa Boyal, ya de vuelta al pueblo. La mayor dificultad de esta ruta ha concluido.

5ª ETAPA: VOLVEDERO DEL CAMINO DE VENTAMORO-SANTIAGO DEL CAMPO.
Distancia: 2,900 Km.
Tiempo a pie: 43 min.

Sugerente nombre, “Venta del Moro”, ¿habría una venta antiguamente en este camino?, ¿cruzaría el Almonte?, ¿a dónde se dirigiría?, dudas que no hemos podido solucionar. El hecho es que desde este lugar, donde muere el camino, la ruta discurre por una pista en buen estado utilizada por ganaderos y cazadores. Dejando atrás la vegetación ribereña el paisaje está dominado por el ecosistema de dehesa aprovechado por las explotaciones extensivas de ganado vacuno.

Andando tranquilamente cruzaremos el escaso arroyo de Fuente Mingo, junto a una nave ganadera; aguas arriba del arroyo se ve la fuente que le da nombre y que, al contrario del arroyo, rebosa agua por sus cuatro costados.

Nos iremos encontrando cruces de caminos a derecha e izquierda, pero no debemos abandonar el nuestro que nos llevará fuera de la Dehesa, ya a la altura del cementerio. Desde aquí seguimos el mismo camino, ahora hormigonado, que en apenas 500 metros nos acerca al pueblo; entrando por una calleja y girando a nuestra izquierda alcanzaremos la Plaza de Ramón y Cajal, donde podemos ver un hermoso ejemplo de chimenea. Aquí finaliza una ruta de senderismo que sin duda muestra a los visitantes un paraje emblemático para Santiago del Campo, Risco Levante.

OTRAS RUTAS Y EXCURSIONES POR SANTIAGO DEL CAMPO:

• Los llanos de Santiago del Campo: zona afectada por la Concentración Parcelaria. Se puede acceder por el camino de la Colada de Santiago del Campo a Monroy y por el de los Retazos, entre otros. Paisaje llano con predominio de pastizales y algunos cultivos de secano. Fauna esteparia con presencia de avutardas, sisones, aguilucho cenizo, ganga ortega, ganga ibérica, etc. En ellos se encuentra la ermita de San Marcos, patrón de Santia
go del Campo.
• El camino Viejo de Garrovillas y fincas del Avutardo de Arriba y Abajo: camino que antiguamente se dirigía al Vado de Alconetar y desde aquí a Garrovillas. Se trata de una zona ribereña con vegetación a base de amplios retamales; resulta interesante el avistamiento de rapaces. Se trata de fincas particulares.

• El arroyo de Talaván: al Norte de Santiago, formando límite municipal con Hinojal. Se trata de un arroyo estacional que desemboca en el Almonte, donde se ubican hasta cuatro molinos harineros hoy arruinados, uno en término de Santiago del Campo y tres en el de Hinojal.

PUNTOS DE INTERÉS DE LA RUTA:
1 La iglesia de Santiago Apóstol.
2 El castro del Castillejo.
3 El Molino del Cubo.
4 El río Almonte y sus riberos.

PUNTO 1 (Valoración: 3 bellotas): LA IGLESIA DE SANTIAGO APOSTOL.

Sin duda la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, ubicada en el Sur del núcleo urbano, en lo que se llama Barrio Nuevo, constituye el máximo exponente patrimonial de Santiago del Campo. Su obra comenzó a edificarse en el primer cuarto del siglo XVI y se concluyó en el XVIII, siglo en el que se operaron diversas reformas que confieren al templo su aspecto actual.

Se nos presenta como un edificio de buen tamaño, con nave rectangular y cabecera ochavada. La planta se compone de cinco tramos, de los cuales tres corresponden a la nave y dos a la cabecera. Todos ellos están cubiertos con bóvedas de crucería. La torre, ubicada a los pies, alberga en su interior una interesante escalera de caracol.
La fachada presenta un revoco de imitación a la cantería, pero la obra es de mampostería de pizarra. Dispone de dos portadas, situadas al norte y al oeste respectivamente. Ambas se abren en arcos de medio punto abocinados. El gótico final se refleja en sus portadas, donde aparece la mayor parte de su decoración, que sin duda destacan por su notable belleza. Las puertas están enmarcadas con los alfices típicos de la época.

En su interior guarda un retablo con motivos manieristas, una imagen de Santa Ana del siglo XVI, varias pinturas, un retablo sin pintar del siglo XVIII y otro de la segunda mitad del XVI, así como pinturas al fresco combinadas con esculturas a modo de pequeños altares. Las obras del Coro, ubicado a los pies y elevado sobre tres arcos que sustentan sendas bóvedas de aristas, fueron ejecutadas hacia 1591 por el maestro cantero Domingo Gutiérrez.

Otros edificios religiosos que pueden verse en Santiago del Campo son la ermita de la Soledad, del siglo XVII, en la Avenida Virgen de Guadalupe frente al Consultorio Médico, y la ermita de San Marcos, del siglo XVII, a poca distancia del pueblo en dirección a Hinojal. La ermita de San Bartolomé, probablemente del siglo XVI, actualmente arruinada, se encuentra en la calle de la Cruz de la Tía Perica y es actualmente un establo.

PUNTO 2 (Valoración: 3 bellotas): EL CASTRO DEL CASTILLEJO.

Estamos ante los vestigios de uno de los numerosos y desconocidos poblados prerromanos, pertenecientes a tribus indígenas, asociados a la cuenca hidrográfica del Tajo. Se constatan en él diferentes épocas de habitación, que nos llevan desde el III Milenio hasta el I antes de Cristo, épocas conocidas como Bronce Final e Hierro por el uso de estos materiales.

Situado sobre un promontorio o pequeño cerro pizarroso próximo a la desembocadura del arroyo del Lugar en el Almonte, este asentamiento humano no destaca sin embargo de la cuenca del río, constituyendo un lugar estratégico donde aún se atisban los restos de un recinto amurallado por todo el perímetro de dicho cerro, dentro del cual existen restos de otras construcciones pertenecientes al poblado en sí. Como no puede ser de otra forma el material utilizado en la construcción es la pizarra, tanto en la muralla como en los habitáculos o cabañas.
Se conocen restos de cerámica, escorias de fundición, elementos de adorno personal como cuentas de collar, placas decoradas, fíbulas y broches de cinturón, que delatan la forma de vida de estas gentes, dedicadas al pastoreo, la caza y la recolección de frutos silvestres. Según la tipología cerámica encontrada puede establecerse una continuidad de ocupación que iría desde el Calcolítico (V-IV a.C) hasta el S. I a.C., como lo evidencia el denario romano encontrado en una de las casas.

En el interior del recinto fortificado se llevó a cabo en 1.984 una campaña de excavación arqueológica, observándose actualmente catas que muestran los restos de muros y que sacaron a la luz el conjunto de materiales antes referidos, depositados en el Museo Provincial de Cáceres. Actualmente en este yacimiento arqueológico resalta el bosquete de acebuches cuyo tamaño y edad es digno de mención.

PUNTO 3 (Valoración: 2 bellotas): EL MOLINO DEL CUBO.

Muy conocido resulta en Santiago del Campo este edificio de molienda, que como otros tantos y típicos molinos harineros formó parte de la base de una economía agraria de siglos pasados, pues aquí le calculan más de doscientos años de existencia. Probablemente su titularidad fuera particular, es decir, los usuarios pagarían al dueño en especies lo que se conocía con el nombre de maquila. Además, por fuentes históricas, se sabe que en el arroyo del Lugar había otro molino más aguas arriba de éste y dos cercanos en el propio río Almonte, hoy desaparecidos bajo las aguas del embalse de Alcántara.

Bien camuflado entre los riscos de pizarra, la fábrica responde a cánones tradicionales: situados en lugares intrincados de complicado acceso, normalmente con fuertes pendientes para aprovechar la fuerza hidráulica, obras de pequeñas dimensiones, de una planta y funcionales. Los molinos que se construían en tramos de ríos más tranquilos y llanos contaban generalmente con una alberca o “pesquera” que almacenaba suficiente cantidad de agua como para que el caudal que había de mover el rodezno fuera constante. Hay que tener en cuenta que el régimen de estos arroyos es pluvial y estacional, secándose mediada la primavera.

El molino en sí se encuentra apoyado en un cortado de pizarra sobre un meandro que permite la contención de agua mediante un dique que hoy no existe al ser reventado por las avenidas fluviales. El edificio destinado a molienda está edificado con mampostería de pizarra, es de planta cuadrada muy derruida. Se conservan aún las muelas o piedras solera y volandera, fabricadas con granito.

Pero, sin duda, lo más significativo es la construcción circular, llamada “cubo” o pozo de toma, anexa al edificio, donde se almacenaba el agua del arroyo a través de una derivación lateral de su cauce. Desde aquí el agua a presión era conducida y movía un rodezno o rodete – engranaje metálico con palas- colocado horizontalmente y situado bajo la planta del propio molino, el cual trasmitía el giro a la piedra volandera o móvil a través de un eje vertical. La piedra volandera colocada sobre la solera o fija a una distancia mínima establecida por el molinero es la que producía la fricción y convertía el grano molturado en fina harina. Es lógico pensar que de esta especie de chimenea troncocónica tome el nombre de “molino del Cubo”. Por último, el pozo de toma está construido con las mismas características arquitectónicas que el edificio y su función, como ya sabemos, no era otra que almacenar el agua del arroyo, canalizada previamente, para que aumentase su fuerza motriz.

El camino de acceso al molino, harto complicado, en su época hubo de ser transitado por hombres y caballerizas que basaban su subsistencia en la obtención de la preciada harina, ya fuera para hacer el pan o alimentar a los animales domésticos. Pensamos que se accedía por el camino de Venta del Moro o “Ventamoro”.

Otros molinos que podemos visitar se encuentran en el arroyo de Talaván, que hace de límite entre Hinojal y Santiago del Campo. Son cuatro y se conocen con los nombres de molino de Sianes, del Tío Justo, de la Rodriga y del Tío Marcelino. Todos ellos están tan arruinados como el del Cubo, pero no dejan de ser fieles y mudos testigos de un pasado agrícola apoyado en una sólida industria harinera.

PUNTO 4 (Valoración: 3 bellotas): EL RIO ALMONTE Y SUS RIBEROS.

El río Almonte o “río del Monte”, como así se conocía en siglos pasados, afluente del Tajo por su margen izquierda, nace en la Sierra de las Villuercas, al este de la provincia de Cáceres, y desemboca en el Embalse de Alcántara, en el lugar conocido históricamente como Vado de Alconetar. En sus aproximadamente 100 Km. de longitud conecta una enorme variedad de hábitats bien conservados, en los que aún hoy sobreviven al deterioro ambiental comunidades botánicas y faunísticas de excepcional valor. Como característica principal de este curso fluvial cacereño, al margen de su riqueza biológica, radica en ser uno de los últimos ríos españoles sin embalsar, lo cual le convierte en un sólido referente para la investigación de los ecosistemas fluviales ibéricos. El Almonte fue declarado Z.E.P.A. (Zona de Especial Protección para las Aves) en junio de 2003 por la Junta de Extremadura, siendo ya entonces un L.I.C. (Lugar de Interés Comunitario).

Conviene resaltar que el nombre Tajo-Salor-Almonte no sólo describe una comarca, sino que nombra a tres de los ríos que más valores naturales confluyen en sus orillas, y entre ellos, el Almonte. Su cauce discurre sobre suelos blandos y el transcurrir del tiempo ha hecho que pierda la horizontalidad con el propio suelo y se ahonde en su interior. La consecuencia directa de este suceso es la creación de grandes desniveles e incluso la formación de desplomes verticales a lo largo, en ocasiones, de todo el desnivel edáfico.

Todas estas razones hacen que tal vez río y riberos posean el mayor valor natural en su conjunto de toda la comarca. Además habría que sumar al río los encinares que surgen de sus inmediaciones a ambas orillas. Tenemos en estos encinares una de las aves más amenazadas mundialmente como es el águila imperial ibérica. Tanto en ellos como en las orillas del cauce, podemos encontrar varias parejas de cigüena negra y una amplia representación de las rapaces más amenazadas de la península. La nutria es otro de los valores dentro de la fauna presente, pero no son pocas además las especies catalogadas como protegidas dentro de los convenios internacionales o directivas europeas.

La comunidad botánica cuenta con una representación en la que incluyen especies endémicas de la comarca centro-peninsular, además de los rodales mejor conservados tanto de acebuchares como de tamujares. Especies arbustivas y herbáceas son además parte de los valores incalculables con la que cuentan estas laderas y dehesas.

A este respecto cabe comentar que el Plan Hidrológico Nacional, fuertemente discutido y denostado, preveía entre sus proyectos la construcción de un embalse en el río Almonte (a unos tres kilómetros de Monroy) para abastecer de agua potable a la ciudad de Cáceres, Sierra de Fuentes y Malpartida de Cáceres. La Plataforma en Defensa del Río Almonte, compuesta por diez grupos conservacionistas, se opuso a esta obra en un entorno con valores paisajísticos, botánicos, y sobre todo faunísticos muy destacados. Según un informe que presentaron viven aquí especies autóctonas que tienen su hábitat en este entorno natural. Como por ejemplo: 18 especies de mamíferos (entre ellos tejón y nutria), 5 de peces (entre ellos pardilla y calandino), 121 de aves (entre ellas águila imperial ibérica, águila-azor perdicera, alimoche, cigüena negra, búho real), muchas de las cuales utilizan los riberos como área de reproducción. Finalmente parece que el Ministerio de Medio Ambiente ha decidido, presionado por los ciudadanos y acertadamente, barajar otras alternativas viables y menos agresivas contra el medio ambiente, permitiendo que la riqueza inalterada de este río, verdadero corredor de vida en Extremadura, permanezca así a la vista y disfrute de generaciones venideras.
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Salida (Iglesia de Santiago Apóstol)

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La Fuente Santa

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Cancela de acceso a la dehesa boyal

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Desvío camino izquierda junto a charca (no tomar)

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Desvío derecha por nave ganadera (tomar)

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Cola Charca Najalero

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Encina rota

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Cruce de arroyo

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Vegetación de umbría

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Castillejo, parte norte

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Fauna de riberos

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Molino del Cubo (Arroyo de Santiago)

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Volvedero del camino de Ventamoro

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Regato de Fuente Mingo, nave ganadera

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Cancela de salida de la dehesa boyal

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Llegada (Plaza de Ramón y Cajal)

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1 comment

  • Фото Dalits

    Dalits 12 лют. 2020 р.

    I have followed this trail  перевірено  View more

    Estupendo track para una ruta preciosa. Tuvimos la mala suerte de pillar el día con bastante niebla, pero pudimos disfrutar a tope, tanto de la dehesa que estaba preciosa, como de la visita al Castillejo y al Molino del Cubo, que nos resultó espectacular.

    Hemos quedado en repetir la ruta cuando no haya nieblas.

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