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1 848 m
962 m
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6,1
12
24,38 km

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біля La Vereda, Castilla-La Mancha (España)

Sublime ruta en un resplandeciente y claro día de primavera que no puede ofrecer mejores condiciones para una larga actividad como esta.

Es mi segunda visita a este sistema montañoso después de haberlo descubierto desde el aire durante un viaje en avión. Esta vez tengo una buena meteo a favor y largas horas de luz de Abril para completar el plan.
¿Y cuál es el plan? Unir Centenera y Tornera con visita a La Vereda y barrancos circundantes.

Aparco en la misma pista como 1km antes de llegar a la Vereda, y subimos por ella hasta que intuimos dónde sube la traza de camino para ganar la línea de cumbres, cuyo tramo último se hace prácticamente campo a través. Alcanzamos el alto de la Cabeza del Cardo y comenzamos la andadura por la cresta, intentando hacerla todo lo pura que podemos avanzando por el filo. Los parches de nieve acumulada tras las nevadas de los últimos días le dan un a aspecto aún más alpino al entorno, que sumado a lo salvaje y solitario de la zona, nos hace disfrutar de lo lindo.

Llegamos a la cima de La Centenera donde paramos a comer algo, y nos cuesta decidir hacia qué vertiente sentarnos para admirar las vistas mientras comemos, pues desde aquí el 360 es de impresión. Ocejón, Alto Rey, pico del Lobo y cuerda de la Mesas, Peñalara, cuerda larga, Pedriza, e incluso los picos de Urbión se dejan ver al norte en un día extremadamente claro como el de hoy.

Desde aquí divisamos muy bien la Tornera y veo también La Vihuela, poblado abandonado que llevo años queriendo visitar pero que se muestra un pelin a desmano en nuestro recorrido ya que supondría cruzar barrancos campo a través, haciendo que la ruta se nos fuera de los 30km. Así pues decidimos atacar La Tornera y desde allí bajar enganchando pistas, caminos y lo que dios quiera, para llegar a La Vereda y de allí al coche. Desde aquí arriba se abarca todo y parece fácil, es como pasear el dedo por el mapa, pero con vistas reales!

Seguimos pues a la Tornera en una inesperada cresta que nos sorprende con divertidas puntas afiladas, sin erosionar, como si se hubiera formado ayer. De nuevo la hacemos por el filo todo lo que podemos, hasta que nos damos cuenta de que el tiempo pasa y estamos invirtiendo demasiado jugueteando con las afiladas lajas. Descabalgamos pues de la cresta en el último tramo y avanzamos rápido a La Tornera, desde donde las vistas son aún más 360 si cabe.

Desde aquí dudamos si bajar directos hacia la pista horizontal 250m más abajo, o retroceder al Alto de las Cellas para buscarla igualmente. Hacemos esto último para evitar la nieve y encontramos matorraling, que no se hace demasiado duro a excepción de por los varios culetazos que nos damos.

Llegamos a la pista horizontal y la seguimos varios km hasta situarnos frente al arroyo Vallosera, desde donde se divisa el largo serpenteo que hace la pista para superarlo. Es momento de cortar campo a través, y nos tiramos animados directos al barranco. Casualidades de la vida, damos con un antiguo camino que antaño cruzaba justo aquí, y los restos de un puente derrumbado. Está todo lleno de zarzas y ramas con pinchos gigantes creados por Mother Nature con toda la mala hostia posible, y cruzamos a duras penas, tras lo que subimos campo a través hasta dar con la pista de nuevo. Hemos ahorrado varios km, y aunque el cruce no ha sido del todo fácil, merece sin duda la pena.
Seguimos la pista viendo frente a nosotros La Vereda aún muy lejos, pero tomamos un sendero que ahorra bastante tramo de pista y va directo al pueblo. El sendero está sensiblemente abandonado y poco transitado, y se encuentra destrozado por los jabalís pero se sigue más o menos bien. Aquí nos tropezamos con dos gordos ejemplares, por cierto. De jabalí, digo.

Llegamos a la Vereda y, una vez más, este pueblo me embruja. La luz del atardecer le da un aspecto aún más bello y, como siempre, imagino el bullicio y vida de este lugar hace años cuando aún estaba habitado.

Y de aquí solo queda volver al coche, para lo cual seguimos la pista principal que baja de la colina, pasando por el molino que se construyó tras anegarse el de El Vado con la construcción del pantano.

Los pies duelen cuando llegamos al coche, pero la sonrisa de satisfacción en nuestras caras delata el disfrute de una ruta tan completa, salvaje, bella y solitaria a una hora (y media) de Alcalá.

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